El Profesor Ángel Ruiz Segura fue el tercer director. “El
Viejito”, como afectuosamente le decíamos, amó a la escuela como ningún otro de
sus egresados. Fue del selecto grupo de
fundadores en 1934, maestro destacado, gran dibujante, batalló siempre con
palomilla brava, pero su carácter alegre, simpático pero enérgico y
disciplinado, forjó a muchas generaciones que veneramos su recuerdo.
El cuarto
director fue el Lic. Pericles Namorado Urrutia, también hijo distinguido de la
Tello, uno de los más brillantes estudiantes de la UNAM en la carrera de derecho,
premio Justo Sierra de la universidad y hombre dedicado al servicio público con
una notable carrera no sólo como abogado sino en el campo de la política, dos
veces presidente municipal, maestro universitario y finalmente procurador de
justicia del estado por dos veces.
Han destacado
en su trayectoria como maestros y directores el Dr. Ramiro Martínez Chacón, el
Antropólogo Ernesto Hernández Ruiz, el Profesor Wenceslao Bastián, el Profesor
Alfredo Tobías Fragoso, la doctora María de Jesús Rangel Reyes y el actual
(Julio de 2006) Lic. Juan Manuel Acosta Sagaón y como subdirector el Dr. Raúl Costa Obregón.
Fueron
maestros de nuestra generación y de muchas más: Ramón H. Álvarez, destacado
fundador, pequeño gran hombre, políglota, maestro eminente y a la vez modesto,
sencillo y de vasta cultura. Recuerdo muy bien las diabluras que le hacíamos en
cuarto año; cuando llegaba, colgaba su sombrero, su bastón y más tardaba en
darse la vuelta que el sombrero ya estaba colocado en una calavera que había en
el salón de clase. Cuando falleció, recuerdo que su cadáver sudaba y eso nos
sorprendió mucho. Le siguió en la cátedra de Raíces Griegas y Latinas, la
doctora Beatriz Cuervo. Betty era una hermosa mujer, con unos ojos inolvidables
y unas piernas ¡Que piernas! Edward H.
Mall que vino de Cleveland, aprendimos con él, lo mejor de la gramática en
español, aunque fue por años catedrático de inglés, siempre andaba de traje o
de saco, aún con los calores infernales
de la ciudad, era muy delicado y no toleraba que hicieran sonar monedas o
llaves y nos expulsaba diciendo “A mi querido amigo, favor de salir del salón”
Le gustaba el trago pero nunca lo olvidaremos como el excelente maestro que
fue. Murió en esta ciudad de un cáncer avanzado.
Zózimo Pérez
Castañeda (el maestro Chochi), hablaba atropelladamente pero fue un
extraordinario profesor de francés y de física. Muchas generaciones salimos
hablando y leyendo en francés de la Secundaria. El profesor Abdón Mabarak
Pancardo, un gigante del dibujo, lo recuerdo siempre con un genio endemoniado por la tremenda guerra que
le dábamos y su perenne olor a Sen-Sen, ¿Se acuerdan?, unas pastillitas para
evitar el mal aliento y que él chupaba para que no nos diéramos cuenta cuando
llegaba a medios chiles, aunque como quiera nos enterábamos; el siempre recto Lic.
Gastón Chao, que se retorcía el bigote cuando daba clase, muy circunspecto; el
Lic. Daniel Chavarría Infante, maestro de historia que si mal no recuerdo, en
lugar de contestar el examen escribíamos la reseña de las corridas de toros y/o
la de las películas y como quiera
aprobábamos; el Dr. Tomás López Vera, el
terror de la cátedra de química (a mi me ponchó) en la que tronábamos casi
todos, era de Juchitán, Oaxaca y egresado de la Escuela Médico Militar, fue el
primer médico en Tuxpan dedicado a la cardiología; el eminente maestro Dr.
Gustavo A. Casián que con su legendaria cátedra de
anatomía y psicología formó a muchos de
nosotros como médicos, siempre con una enorme chispa; me acuerdo que en una
celebración de la generación olímpica (la de 1968) nos invitaron a una cena y
él me dijo “Obed, ya viste que aquel muchacho me mira muy feo” y yo le dije
pero cómo no, ya se le olvidó que lo ponchó hasta en el extraordinario? Como
quiera, el joven profesionista fue a saludar al Dr. Casián y se lo recordó -¿
Se acuerda maestro, que usted me ponchó”?- y el Dr. Casián con su ingenio de
siempre, “Mira no fui yo, fue Obed, que era mi sinodal”.
Don Ferruccio
Vianello, de origen italiano que heredó del Dr. Pérez Castañeda la cátedra de
francés, toda la palomilla le decía “Don Serrucho,” le gustaba también el
periodismo y estaba tan cegato como Mister Magú. Estaba casado con doña Carmen
Ramírez. Doña Carmen tenía una escuela de danza cerca de la secundaria, en
donde entre otras niñas, las estrellas eras las cuatitas Chavarría, que siempre
en todos los festejos bailaban muy graciosamente La Jota Aragonesa. Rafael
“Fallo” Ochoa, era un ingeniero de origen alvaradeño, construyó la embotelladora
de la Orange Crush y era quien nos hacía sufrir con la Trigonometría; el
profesor Guillermo Galván “El Geoide”· que sabía mucho de Geografía Universal.
En este repaso
no podemos olvidar al Lic. Luis López Casanova, que nos dio cátedra de civismo
y era también muy delicado, pero excelente maestro, amigo y gran consejero; la
ameritada maestra Inés Salas Villagómez, maestra extraordinaria, catalogada
como la mejor de todas por algunos de sus alumnos, era quien nos daba Modelado
y también Geografía, ella fue la tesorera por una decena de años de la
Asociación de Padres de Familia, desde su
fundación. Con qué orgullo recordamos que a esta
sociedad le sobraba el dinero y fue manejando con estricta honestidad con el
que se pagó puntualmente la vetusta casona de la Avenida Juárez.
La profesora Pura Namorado Urrutia, maestra excelente, algo
estricta que daba la cátedra de literatura; la preciosa Pilar Aviña, la eterna
novia platónica del preparatoriano, nos dio Cultura de la Música, era muy
bonita y todos andábamos derretidos por ella.
Basilio “Chilo” Fernández, que daba Botánica y Deportes, era bueno
para el volibol y también muy bueno
para regañarnos; pero todos éramos una gran familia. Los maestros, por un lado
siempre fueron atentos, buenos y sabían
corregir nuestras fallas y faltas de respeto, el que no se disciplinaba era expulsado, y por el
otro, el alumnado, que en su gran mayoría se comportaba a la altura, sin faltar
las travesuras y las bromas pesadas. Eran pues otros tiempos… No había drogas y
las parrandas y disipaciones eran con refrescos, nuestro mayor vicio era ir al Royalty
a jugar billar, o pool, o carambola; llevábamos serenatas a nuestras novias o
las bellas chicas que enamorábamos con Toño Vega que cantaba muy bien;
bailábamos en las tardeadas de casi todos los sábados. En fin, tantos
recuerdos… Así era nuestra juventud, más sana, menos contaminada y sobre todo
más culta y respetuosa.
REUNION
DE 8 GENERACIONES:
En 2006, se reunieron con el
“Chachalaco” Agustín Martínez, miembros de las primeras ocho generaciones de la
Escuela Secundaria y de Bachilleres y se contó
con la presencia del “Viejo” Ángel Ruiz, de la primera generación (1934)
y yo que fui de colado por ser de la generación 14. Ahí se leyó este extraordinario mensaje del Lic.
Alberto Acuña Zamora, (El Chato)) de la 5ª. Generación y que radica en
Mexicali, Baja California:
¡Hasta que se me
hizo! Nunca hubiera imaginado que un día vería de cuerpo presente a tantos
amigos y compañeros, unos que se quedaron sembrados en el camino y otros que
siguen vivitos y coleando, pero todos con presencia permanente en las páginas
del tiempo y la memoria y con quienes suelo juntarme en tardes con sabor a
tango y a nostalgia.
Ahora los estoy
viendo igual que cuando nos hemos puesto a platicar como lo hago con el
inconmensurable Krakif Adrián Villagómez, o con el Cabezón Romo que fue como mi
mentor en el tránsito de mis mocedades; por supuesto que no podían faltar
Carús, ni Lictor Prianti, ni Jorgito Rosas, Cuco Basáñez, y alcanzo a ver por
ahí al Negrito (Solís), Mario Fernández, a Pepe Luis Deschamps, a Chapitas
Basáñez, tal parece que he sido yo quien convocó a esta reunión y aquí han
llegado.
Bueno, pero ya
estamos aquí reunidos y mi primer pensamiento tiene que ser para el Benemérito
Maestro Manuel C. Tello, pero también es ocasión para recordar al grupo de
colaboradores suyos como Don Ramón H. Álvarez, al Doctor Zózimo Pérez
Castañeda, al Profe Mabarak, la profesora Inés Salas, a Luis Manuel Tello y
otros cuyos nombres me escamotea la memoria y que hicieron posible lo que
parecía una aventura.
De la primera
generación estén o no estén pero yo sí los veo, al "Viejo" Ángel Ruiz, a Germán
Fernández, a Toño Cheín, a Pepe Romo, a Chavita Hernández y de la segunda
generación veo a Luis López Casanova, a Pericles, al Compa Monchi, de la
tercera a Güicho Barrios, a Juanito Franco, y así de las siguientes descubro a
David Fosados, al Chato Salas, a Carlos Acuña, a Julián Adem y de la mía, la
quinta, veo a Neto Ferrer, a Chalo Bridat, al Negrito Domingo Solís. De las
posteriores generaciones dejo que respondan Agustín el "Chachalaco"
Martínez, Licho Ruiz, Foncho Zarzoza, autores intelectuales de esta reunión.
¿Cuántas
generaciones irán ya? Y cuánto talento rescatado del anonimato que se habría
desaprovechado si no ha sido por la visión del Maestro Tello que abrió las
compuertas al talento y a la gloria anidada en Tuxpan. En rigor no me atrevería
a nombrar a los que han cobrado fama en el campo de las ciencias, de la poesía,
del deporte, la música, por temor a quedarme corto, pero es una tarea reservada
a Agustín, a Obed Zamora o al poeta Pilar Morales Trujillo.
A todos ustedes que con
su presencia dan brillo a esta bella reunión, yo los felicito y no tengo
palabras para expresarles mi gratitud por haberme aceptado a pasar esta velada
de la amistad, que conservaré como una gran reserva espiritual contra los
avatares de la vida, y también para reconfortarme en las horas de
incertidumbre.”