lunes, 2 de enero de 2012


LA INTERESANTE VIDA DE EUGENIO ESPINO BARROS

Presentamos a Uds. un fragmento de la vida del destacado fotógrafo Eugenio Espino Barros el cual visitó Tuxpan en 1929 y convivió con conocidas familias de la ciudad, particularmente con la familia Reyes Heroles.
Espino Barrios además de ser un precursor de la fotografía moderna en México desde los primeros años del siglo pasado, fue asimismo, viajero incansable dejando ricos testimonios en sus magnificas imágenes recopiladas en un interesante libro que lleva su nombre y editado por el Gobernador del Estado de Nuevo León Nicolás González Parás en 2007 y el Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León.
Este breve fragmento de su vida ha sido narrado por su hijo Eugenio Espino Barrios Robles.




LA CÁMARA DE CARTÓN

“Naciste, Francisco Eugenio  Espino Barros y Rebouche,  el 10 de Octubre de 1883, en la calle San Martín Número 5 de la Puebla, Puebla. Fueron tus padres Manuel María Espino barros y Cosió y María Rebouche Raymond. Eras el séptimo de una familia de nueve hermanos: Manuel,  María, José, María Luisa, María Guadalupe, María de la Paz, tú, Carlos y Ramón.
Fuiste bautizado el día 14 de octubre de 1883 en la Parroquia del Sagrario de la Santa Iglesia Catedral por tus padrinos Agustín Oropeza Traslosheros y Leonor Oropeza de Oropeza.
Muy pequeño, ingresaste en la Escuela de Párvulos del Convento de las Monjas Españolas, a quienes siempre recordarías como muy enérgicas, y ahí mismo cursaste la primaria, mientras también estudiabas dibujo en la Academia de Puebla. Nos han llegado hasta estos días dos dibujos tuyos de aquella época: uno de ellos, fechado en 1894, es un paisaje campestre con una casa, el cual hiciste a tinta con líneas, y lo dedicaste a tu mama en el día de su santo. El otro es el dibujo de un pie, y lo realizaste con crayón en 1895.
Ya adolecente, estudiaste en la Escuela Preparatoria de Puebla. Por esos días elaboraste una camarita de cartón a la cual, como lente, le pusiste un vidrio de aumento. Con ella tomaste una foto de tu hermana Paz y otra de una manifestación. Para nuestra fortuna, esas fotos también existen todavía. Después de que terminaste tus estudios en la Escuela Preparatoria, trabajaste un tiempo corto en una tienda de abarrotes.”

EL AÑO EN TUXPAN
Llegó un tiempo en que repetías a tu familia, y a ti mismo:
“En Tuxpan, Veracruz, hay muchos pozos petroleros y muchas compañías holandesas e inglesas que extraen el petróleo, y pasan por un auge. Con esta esperanza en mente reuniste el capital que consideraste suficiente para enfrentar el cambio y, con mucha ilusión, decidiste irte allá con toda la familia. Antes de que lo hicieras, en ese tiempo en que empezaba la aviación en este país, se hizo piloto el hermano de una señora de una familia muy conocida en Tuxpan, casada y con varios niños. A él le gustaba realizar esa pirueta que llaman hoop in the loop, la cual consiste en trazar un aro en el cielo y luego atravesarlo.
Cierta vez, este piloto sobrevolaba el pueblo con sus acrobacias; cuando los habitantes se dieron cuenta, salieron a verlo. ¡Ya va a hacer el hoop in the loop!¡Ya va a hacer el hoop in the loop! Y, a media pirueta, el avión se vino abajo se estrelló.
Así murió el hermano de esa señora y, según contaba la gente, por eso ella se volvió loca. Llegaron ustedes a Tuxpan a mediados de julio de 1929 y ocuparon una casa que encontraste en un viaje que  habías realizado días antes. Muy pronto mis tíos se enteraron de que la mamá de ciertos niños permanecía temporadas no en una casa de salud mental, porque en Tuxpan no había nada de eso, sino  encerrada nada menos que entre la reja y el postigo de una ventana de su casa. Pero ellos nunca la veían. Una vez instalada la familia, volviste a Tampico para terminar trabajos pendientes y para cerrar tu negocio, lo que te llevó unos dos meses y medio. Ahí empacaste, en cajas y rejas de madera, todas tus pertenencias, entre ellas tu equipo de trabajo: cámaras de estudio y portátiles, tripies, lentes, ampliadora, impresora y el resto de tus utensilios de laboratorio. Lo mismo hiciste con los muebles que usabas en el estudio: sillas, sillones, mesas, decorados, entre muchos otros, además del mobiliario de tu casa. Te llevaste también el tragaluz desarmado, pues esperabas volver a usarlo, en cajas cerradas que contenían sus pesados vidrios opalinos. En una habitación de la casa en Tuxpan conservaste esas cajas y rejas de madera unas sobre otras, para volver a usarlas.
Instalaste el estudio y casa habitación en una esquina de la calle principal, frente a la plaza del centro del pueblo; tal vez esa edificación ya había sido usada para fines comerciales, porque tenía un gran aparador hacia el lado de la calle principal, cuya luz tu aprovechabas para tomar tus fotos. Había en Tuxpan también varias empresas petroleras, para las cuales tomaste muchas fotografías, e igualmente, por tu cuenta, viajaste por los alrededores y tomaste interesantes fotos de rancherías y otros lugares pintorescos. También tomaste muchas de los plantíos de plátanos de la región. En esas fechas estuvo también por la zona el general Alberto Zuno Hernández, a quien también captaste en las giras que hacía. Entre los vecinos que estuvieron en Tuxpan, en la misma acera hacia el río, perpendicular a la calle principal del pueblo, vivían en casas contiguas la familia Deschamps, propietaria del inmueble que rentabas; después, la familia Reyes Heroles, y tus niños jugaban con el pequeño Chucho, y por último la familia de Hugo Avendaño, quien después fue un destacado barítono. Pero, ya que vivían ahí, te quedo claro que el pueblo de Tuxpan era un pueblo muy poco higiénico, el cual carecía de drenaje, y con muchos moscos; en el abundaban las enfermedades, entre ellas el paludismo y disentería. Era un lugar muy insalubre el cual, desde tu punto de vista, permanecía muy retrasado en todo. Las cosas no estaba resultando como lo esperabas, debido al poco campo de acción que había en tan pequeña población, considerando, además, que ya existían  otras pequeñas galerías como la del fotógrafo Ciro Fano, que estableció amistad contigo.  Y ahora tus platicas a tus cinco hijos, chiquillos todos, eran sobre Brasil: que muy bonito Brasil, que querías ir a Brasil, que en Brasil hay esto, que en Brasil hay lo otro. Cierto día saliste muy temprano a tomar fotografías de unos pozos muy lejanos. La jornada fue larga y pesada y el calor de Tuxpan es tremendo. El aire sofocante hizo que el sudor chorreara, que tu garganta se secara. Ya cuando, después de trabajar todo el día, llegaste a casa asoleado, hambriento, fastidiado, y tan agotado que, apenas comiste, te tumbaste en tu cama la cual, como todas, estaba cubierta por un pabellón. Tus hijos jugaban en la casa con varios amigos: Chucho, Pepelin, Siete cabezas. El tal Chucho era Jesús Reyes Heroles, el papá de Jesús y Federico, oriundos de ahí mismo, amigos de mis tíos desde que estaban chiquillos; el tal Pepelin no sabemos quién sería, pero el Sietecabezas era un niño al que sus padres rapaban por lo que se le notaban unos surcos de la cabeza, no debidos al corte, sino a los peculiares relieves de su cráneo. De pronto, tu hijo Pepe al advertir tu presencia, detuvo las actividades y les grito: ¡Chucho!¡Pepelin!¡Sietecabezas!¡Vengan todos para acá! Y acudieron los chiquillos corriendo. Pepe los condujo a tu habitación y ya ante tu cama, levantó el pabellón bajo el cual yacías, profundamente dormido y sucio. Y te presentó, orgulloso: este es mi papá, llegó de Brasil. “

PIES DE LAS FOTOGRAFIAS
1.-EUGENIO ESPINO BARROS.- AUTORETRATO EN 1919 (MEXICO)
2.- LA CALLE PRINCIPAL DE TUXPAN EN 1929. EUGENIO ESPINO BARROS
3.- PANORAMICA DE TUXPAN DESDE EL CERRO DE LA ATALAYA. ESPINO BARROS 1929
4.- TRABAJADORES TRANSPORTANDO EL PLATANO A LOS CHALANES EN EL RIO PANTEPEC (TUXPAN) ESPINO BARROS 1930
5.- UNA BALSA EN 1921 CRUZA EL RIO PANUCO (SIC ***).- ESPÍNO BARROS
(¨¨DEBE ACLARARSE QUE EN EL LIBRO LA REFERENCIA ESTA EQUIVOCADA.  DEBIO HABER SIDO EN 1929 Y NO ERA EL RIO PANUCO  SINO EL TUXPAN COMO ES OBVIO, YA QUE AL FONDO SE VE EL CERRO DE LA ATALAYA Y LA CARACTERITICA FISIONOMIA DE NUESTRA CIUDAD) 
6.-TRABAJADORES DE LA PENN MEX FUEL CO. EN ALAMO,VER. ESPINO BARROS 1930.
7.-  RAFAEL Y ENRIQUE ESPINO BARROS ROBLES EN TAMPICO1927
8.- CAMARA NOBA DISEÑADA POR ESPINO BARROS E HIJOS S.A. DE MONTERRY N.L. LA FAMOSA CAMARA PARA FOTOGRAFOS PROFESIONALES EN EL SIGLO PASADO. 
***.- SI UD.DESEA ADQUIRIR ESTE FANTASTICO LIBRO LO PUEDE COMPRAR EN GANDHI O EN  SANBONRS SU TITULO ES “EUGENIO ESPINO BARROS: FOTOGRAFO MODERNO”
*** LA PRESENTE CRONICA TAMBIEN LA ENCONTRARA EN BREVE EN NUESTRO BLOG: “ www.cronistadetuxpan.blogspot. com”      

lunes, 31 de octubre de 2011

LA PLAZA DE TODOS SANTOS…



OBED ZAMORA SÁNCHEZ

v CADA AÑO EL 30 DE OCTUBRE RENACE LA TRADICIÓN


v LOS TUXPEÑOS SE VUELCAN TODO EL DÍA Y ESA NOCHE PARA COMPRAR TODO LO RELACIONDO CON LA FESTIVIDAD.

v LAS CONSERVAS DE CAHUAYOTE, PAPAYA Y CIRUELA SON LAS MAS GUSTADAS.


La mañana de cada 30 de octubre el centro de Tuxpan


se va llenando de puestecitos en los que se expende toda la mercadería necesaria para iniciar la festividad de Todos los Santos y Fieles Difuntos- Así las calles de Escuela Médico Militar, Alatorre, Ocampo, Garizurieta y Av. Juárez abarcan un perímetro muy chico en el que se conglomeran los diversos comercios de la Sierra de Puebla y del Altiplano Mexicano y de toda la región. Allí se vende lo que necesitamos para comenzar a iniciar la celebración de la más importante festividad en honor de los difuntos.



En otros sitios huastecos esta fiesta es conocida como Xantolo, pero para nosotros los tuxpeños es la de Todos los Santos y Los Fieles Difuntos y la gran mayoría vamos a la plaza para comprar las varas, la palmilla, las frutas como naranjas y caña de azúcar, las flores de muerto, el bolotillo, el diente de león, las veladoras, el copal, el maravilloso papel picado con las imágenes de la muerte, las calaveritas de azúcar y el delicioso pan de muerto, todo esto para armar y confeccionar los preciosos altares que lucen resplandecientes en la mayoría de los hogares porteños.



También compramos el cacao y la leche evaporada para fabricar nuestro propio chocolate, asi como la canela y las almendras para darle un mejor sabor, las hojas soazadas de plátano para envolver los exquisitos tamales y en esta plaza hallamos también las calabazas, el fríjol de bejuco, los pipianes y el camarón seco para elaborar esos deliciosos platillos únicos por su exquisito sabor tan típico y tradicional de la cocina tuxpeña, que se elaboran en homenaje a los niños difuntos.

La Plaza también se viste de gala con sus estrellas: las conservas, sobre todo la de cahuayote, que solo por esta época del año se consume, en menor grado la de calabaza, la de papaya verde que es una delicia y la de ciruela. En el pasado también se vendían cuetes, de diversos tamaños y calibres desde los pequeños y los buscapiés, asi como las palomas y los de carrizo que subían al cielo haciendo una atronadora explosión.

Una nube de expendedoras del delicioso zacahuil se pone por las esquinas de la plaza para que todos podamos “echarnos un tente en pié” mientras compramos. El pan de muerto recientemente lo traen de Tlaxcala, pero antes el mas gustado era el pan de rancho, el se hace en hornos de barro y zacate, lamentablemente mucho de esa tradición se ha perdido.

Ahora conocidas y destacadas panaderías de la ciudad han abierto también sus expendios en esta Plaza y nos ofrecen sus productos de excelente calidad y sabor. Curiosamente aquí no se vende ninguna carne ni tampoco la masa, productos tan necesarios para elaborar los tamales para los Difuntos Grandes, aunque en el pasado se podía comprar las gallinas de patio y los guajolotes. Ahora, lamentablemente la Plaza se ha viciado, con otro tipo de comercios que se aleja y no es lo clásico de nuestra tradición y aquellos se relacionan con la venta de máscaras de terror, trajes para disfrazarte de bruja y todo lo relacionado con una festividad norteamericana que se llama Halloween. Pero además copiándola, muchos niños –alentados por sus padres- esa noche salen disfrazados de brujitos y brujitas y andan de casa en casa pidiendo dulces y su Halloween. ¡Que error tan grande! que falta de sentido tradicional de una costumbre tan nuestra, la cual debemos de respetar y fomentar desechando completamente lo que no es de nuestro país.

La Plaza es una gran festividad de color, se maravilla uno de ver los rojos oscuros del Diente de Léon, los dorados como el sol, de la Flor de Muerto, los púrpuras del Bolotillo y los olores del Copal semejando al incienso que se le tributaba al Niño Dios, el del Cacao ya hecho en bolitas dulces, el aroma inconfundible del de Pan de Muerto, pero lo que mas llama la atención es la gente, su alegría y su gozo para visitar esta Plaza tan tradicional, tan tumultuaria y tan caracteristica de nuestra ciudad.

Los días 1º y 2 de Noviembre se celebra la fiesta de Todos Los Santos y los Fieles Difuntos. Los cementerios se limpian del polvo y del olvido, y la gente lleva comida, dulces y flores para sus muertitos. Este es el día en que ellos regresan a visitarnos.

En tiempos prehispánicos, los indígenas creían que la muerte tenía un vínculo con la vida, que la muerte no era el fin solo otro camino. Estas culturas rendían tributo a los muertos en distintas fechas del calendario, celebrando fiestas en su honor y llevándoles comida, bebida y ofrendas.

Con la llegada de los españoles a America y en su afán de evangelizar a todos sus habitantes, se manifestó una intensa necesidad de lograr la aceptación de la cultura española.

El 1 y 2 de noviembre, tal y como se hacía en España, fueron establecidos también en el Nuevo Mundo como las fechas para recordar a “Todos los Santos” y a “Los Fieles Difuntos”, en ese orden. El primero para recibir a todos los muerto que hubieran sido bautizados, el segundo para el resto de los muertos, En México, un día es para los muertos niños y el otro es para los muertos adultos con ofrendas diferentes para ambos días.

Estas fechas habían sido instituidas en Europa por el Papa Gregory IV y formaban parte de la religión católica.

De esta manera, la concepción que tenían los indígenas del cosmo y de la religión fue cambiada. Del Tlalocan y el Mictlan, quienes representaban el agua (la vida) y la sequía (la muerte), pasaron a creer en el cielo y en el infierno.

A pesar de esta dualidad, de lo bueno y lo malo, la muerte nunca significó el fin del camino para los indígenas, pues para ellos la vida surgía de la muerte, asi lo expresaban en sus sacrificios.

La costumbre de la ofrendas fue retomada de los indígenas por el religioso Sebastián de Aparicio, quien en 1563 en la hacienda de Careaga, ubicada en el ahora Distrito Federal, colocó una ofenda hecha de los productos y las comidas que eran de la preferencia de los desaparecidos.

Parte fundamental del folklor del día de muertos son las “Calaveras”, textos surgidos en nuestro país a finales del siglo XVIII y en los cuales entre versos y bromas sobre la muerte, se satirizan o se burla de los personajes políticos y populares de la época.

En México, existen pueblos donde se dejan las puertas de las casas abiertas desde el medio día hasta la noche, se encienden incienso, se hace el pan de muerto y calaveras de azúcar, entre otros dulces, para celebrar esta festividad.

Son diversas las formas de festejar los muertos según la región del país pero en todas se refleja como el mexicano se habla de tú a tú con la muerte y como el recuerdo y el dolor por los que quedaron atrás se convierten en alegría y momento de reunión espiritual.

Este culto es una tradición que es parte de la identidad mexicana, el día que reímos y jugamos con la muerte, quien nos trae de regreso a los que queremos y ya no están con nosotros para asi darnos un momento más y nunca el último.