viernes, 26 de octubre de 2012


LA SAL DE LA VIDA
OBED ZAMORA
-Cronista de la Ciudad-

        En 1930 el Lic. Rafael Sánchez Escobar, escribió una crónica con este título, en donde contaba anécdotas muy simpáticas ocurridas en la vida diaria de Tuxpan, a continuación su servidor, el Cronista de Tuxpan, les narra algunas de aquellas que nos hicieron reír por décadas, espero que sean de su agrado.

EL PELLIZCO.

     Don Manuel Sobera era un hombre corpulento que tenía un restaurant muy acreditado en la confluencia de las calles Morelos y Avenida  Juárez, resulta que Don Manuel andaba muy nervioso porque un paisano ibero como él, quería que le guisara una sopa de caldo de   hacha, como el restaurant no lo tenía, mandó al Pellizco que  era muy acomedido y le dijo- rápido Pellizco trae el  callo de hacha, que me urge- pasaron como dos horas y el Pellizco no aparecía; al fin llegó con don Manuel y el famoso “Cara de Hacha”, peculiar personaje de la ciudad. ¡Pero qué barbaridad fuiste hacer soberano idiota! Lárgate de aquí y al pobre pellizco finalmente lo corrieron.

EL OTRO PELLIZCO

        Julio se llamaba y realmente viéndole la cara la tenía de pellizco. La palomilla se ensañaba con el gritándole ¡Cara de pellizco! Se arrancaba a correr porque Julio les aventaba de piedras y les decía el montón de groserías.


La Escuela Secundaria de Bachilleres Manuel C. Tello se encontraba en la calle principal en la confluencia con la calle Escobedo, en la contra esquina vivía Don Heriberto Domínguez, conocido banquero y después empresario mueblero de mucho éxito. Estamos hablando de los años 50 del siglo pasado. Don Heriberto y su esposa Doña Reina Henry vivían muy tranquilamente con sus hijos Loncho, La Chata y Reinita.

Un día la Chata y Reinita estaban asomadas en su balcón y atrás, medio escondida estaba Doña Reina, cuando de repente ella gritó “Cara de Pellizco” y se volvió a esconder, Inmediatamente el Pellizco, bien enojado les mentó la madre a las muchachas y como era sabido que siempre traía piedras en sus bolsas para defenderse de los insultos,  las muchachas se apresuraron a meterse a su casa bien enojadas con Doña Reina por la diablura que les había hecho.

Julio acabó sus días anciano y ciego, pero el apodo no se lo pudo quitar…

LA SERENATA DEL TAMPICO

Prof. Angel Ruiz Segura
        En el segundo año de la Escuela Secundaria de Bachilleres también por los años 50 había una palomilla bien brava que nada más se la pasaban haciendo diabluras en los salones, con el consiguiente berrinche de los maestros.

Pues bien, una tranquila tarde de uno de esos años el maestro Ángel Ruiz Segura estaba dando su clase de dibujo arquitectónico cuando empezó a escuchar unos ruidos raros pero que para la palomilla eran bien conocidos; intrigado el maestro se acercó al sitio de esos ruidos y se sorprendió al oír que provenían del “Tampico”, que ya grandecito se chupaba los dedos índice y pulgar y dormía la siesta muy tranquilamente acompañándola de un tronadero de gases, el viejito Ruiz, que así se le decía cariñosamente al querido maestro, le empezó a gritar ¡Tampico, Tampico despiértate! Pero qué se iba a despertar, si estaba en lo más profundo de su siesta y siguió bien dormido con su tronadera de gases y chupándose los dedos…

MÁS DE LA SECUNDARIA
No acabaríamos la presente crónica relatándoles las diabluras de los secundarianos.
La Escuela Secundaria de Bachilleres era una casona de dos plantas y un gran patio, ahí en los minutos que salíamos de las clases una gran mayoría jugábamos en la pequeña cancha de volibol. Una de las distracciones con riesgos era la de matar avispas coloradas muy bravas cuyos piquetes eran muy dolorosos y si  picaban en la cara enseguida las  facciones se tornaban de tipo oriental.
Prof. Luis Manuel C, Tello

El maestro Luis Manuel C. Tello tenía la costumbre de sentarse frente a la canchita de volibol interpérrito, con su mirada de ojos azules muy serena sin que se moviera de su asiento como si meditara en su enorme tarea de educar.
Un día matando avispas una quedo muy atarantada y con horror vimos cómo se le fue a postrar en la cara del maestro Tello. Y el sin mover una pestaña, dejó que se quedara la avispa, una vez que ésta se recuperó, se fue volando nuevamente, el maestro no nos dijo ni media palabra, siguió sentado en su silla legendaria…

LA FAMOSA MEDIA

También una tarde tomábamos una clase de historia y en el sopor del calor que hacía, alguien vio que el maestro traía colgado en la parte trasera del pantalón algo que le llamó la atención.

Conforme iba avanzando la clase en la tarde de ese día, esa alumna no se quedó con las ganas, se levantó de su asiento y sin que el maestro se diera cuenta le sacó lo que traía en la bolsa posterior del pantalón y se dio cuenta que era un media de mujer, para hacer completa la diablura se la enseñó al maestro, este se puso rojo como manzanita de Zacatlán y dijo ¡Dios mío se le olvidaron las medias a mi mujer! Y salió disparado del salón con las consecuentes risotadas de la palomilla.

EL SOMBRERO DE DON RAMON

El maestro Ramón H. Álvarez nos daba clases de Raíces Griegas y Latinas, Don Ramón siempre andaba con camisa larga y de corbata, a veces traía un saco sport y usaba sombrero de pelo que llegando lo colgaba de un perchero junto con su sombrilla y un bastón.

Al lado del perchero había una calavera, mas tardaba Don Ramón en colocar su sombrero, que éste aparecer en la cabeza de la calaca, con el consiguiente berrinche del eminente maestro. En una ocasión estando ya muy enojado, bajó del perchero el bastón le quitó la tapadera y saco un estilete en forma de espadita y gritó con el berrinche bien puesto: ¡Al próximo que vea haciendo esta travesura tendrá que vérselas conmigo!. A partir de esa fecha la calavera siguió pelona y viéndonos con una sonrisa burlona… Don Ramón murió ya muy anciano, tenía una letra primorosa, traducía muy bien el inglés y con la vasta cultura que él tenía, esa generación del cuarto año de la prepa salió muy bien preparada.

EL TEACHER MALL

      Fue muy famoso nuestro maestro de inglés, curiosamente por generaciones nos enseñó muy bien lo que es la gramática española, tenía varias características que lo hacían notable, fumaba en exceso, andaba excelentemente vestido de saco sport y de corbata. Tenía sus alumnos consentidos a los que quería mucho, pero había algo que no podía tolerar, y eso era que a alguien se le ocurriera regar por el suelo monedas, porque el tintineo le molestaba sobre manera.

Escuela Secundaria 
      El Maestro Mall nació en Cleveland, Ohio murió a fines de los años 50. De un cáncer baso-epitelioma en una de las órbitas de su cara. Siempre será recordado por aquellas frases célebres que sentenciaban al alumno ”Mi querido amigo favor de salir del salón” o como aquella que le dijo a Norberto Vega Zamora porque no podía pronunciar la frase “One boy correctamente, la cual debe pronunciarse “Uan boy” le preguntaba varias veces la misma pregunta y él contestaba One boy a punto de correrlo del salón le preguntó por última vez como se debe pronunciar  One boy  y el contesto “ One Uan boy” y con eso acabó fuera del salón el gran Beto Vega excelente amigo destacado ingeniero, jubilado de petróleos mexicanos radicado en Poza Rica.



            
   Hasta aquí los relatos de la época de mi juventud, que llenan mi alma de alegría por vivenciar de nuevo estos pasajes que estan en mi memoria y que ahora comparto con todos ustedes.      
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